Dieta anti cáncer: Preguntas y respuestas

El cáncer es un grupo heterogéneo de enfermedades en las que algunas células crecen y se diseminan sin control. Puede aparecer prácticamente en cualquier parte del cuerpo y el tumor suele invadir el tejido circundante y puede provocar metástasis en puntos distantes del organismo.

Muchos tipos de cáncer se podrían prevenir evitando el tabaco, controlando el sobrepeso, adoptando una dieta saludable y haciendo actividad física con regularidad. Además, un porcentaje importante de cánceres puede curarse si se detecta en una fase temprana.

Con respecto a la alimentación y su relación con el cáncer es muy cierto que algunas dietas pueden ayudar en su prevención y otras podrían favorecerlo.

¿Sabes en realidad qué alimentos y características de la dieta te pueden ayudar a prevenir esta temible enfermedad? A continuación contestaremos algunas de las preguntas más frecuentes al respecto.

¿Las personas obesas tienen un mayor riesgo de cáncer?

Si. El exceso de grasa corporal favorece desajustes como el síndrome metabólico. Entre estos desajustes se destaca la resistencia a la insulina y un incremento en la producción de esta hormona, lo que se relaciona con inflamación y una mayor predisposición al crecimiento de células cancerosas. Las personas obesas tienen una mayor riesgo de padecer algunos tipos de cáncer como el de colon, mama, endometrio, páncreas, esófago y riñones entre otros.

¿Los conservadores y aditivos de los alimentos causan cáncer?

Con frecuencia escuchamos historias que relacionan a las sustancias químicas adicionadas a los alimentos con un mayor riesgo de cáncer. Aunque existe cierta posibilidad de que exista esta relación, hasta el momento no existen evidencias que la demuestren. Por otro lado existen muchos tipos de aditivos diferentes y no es posible generalizar. En mi opinión es más importante enfocarse en seguir una dieta saludable que preocuparse en exceso por este aspecto.

¿Las frutas y verduras pueden ayudar a prevenir el cáncer?

Si, y lo hacen a través de diferentes mecanismos. Por un lado son ricas en vitaminas, antioxidante y fitoquímicos que ayudan a nuestras células a mantenerse sanas y a autorepararse. Algunas de estas sustancias incluso pueden controlar el crecimiento de las células malignas.

Por otro lado, su contenido de fibra también ayuda a prevenir algunos tipos de cáncer como el de colon al acelerar la velocidad de vaciamiento del tubo digestivo.

Por último, el consumo de abundantes frutas y verduras nos ayuda a desplazar a otros alimentos de mayor densidad energética por lo que favorecen el mantenimiento de un peso corporal saludable, que también es importante para la prevención del cáncer.

¿La llamada dieta alcalina reduce el riesgo de cáncer?

No. El pH de la dieta no es capás de modificar el pH de la sangre o de modificar el comportamiento celular. Aunque una dieta rica en frutas y verduras (la dieta alcalina lo es) puede ayudar a prevenir el cáncer, esto no tiene que ver con su pH, sino con otros mecanismos ya mencionados arriba.

¿El consumo de carnes rojas favorece el cáncer?

Probablemente si. Existen algunas evidencias de que el consumo de carne puede relacionarse con algunos tipos de cáncer, sobre todo el de colon. Pero existe una cantidad de carne que puede ser consumida con seguridad. El riesgo de cáncer se incrementa cuando se consumen más de 18 onzas de carne a la semana. Así que no es necesario eliminarla de la dieta, pero si limitar su consumo. Comer carne dos veces por semana en un tamaño de porción razonable y como parte de una dieta rica en frutas y verduras no representa riesgos. Además es preferible evitar las carnes curadas o ahumadas, que parecen tener una relación aún mayor con el riesgo de cáncer.

¿El azúcar incrementa el riesgo de cáncer?

El consumo de azúcar por si mismo no se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer. Sin embargo, su consumo excesivo favorece el sobrepeso y la obesidad, que como ya dijimos arriba, sí favorecen la aparición de esta enfermedad. Además, en las personas con resistencia a la insulina (que también es un factor de riesgo para el cáncer) limitar el consumo de azúcar mejora el control metabólico y disminuye la hiperinsulinemia.

¿Comer productos orgánicos reduce el riesgo de cáncer?

Aparentemente no. No existen evidencias contundentes para afirmarlo. Aunque los alimentos orgánicos pueden tener algunas ventajas, en general los alimentos convencionales no superan la cantidad de residuos de pesticidas y otras sustancias que es segura para consumo humano. No se han encontrado diferencias en el riesgo de cáncer entre las personas que comen solo productos orgánicos y las que comen alimentos convencionales. Así que las personas que no pueden costear una dieta a base de alimentos orgánicos no deben sentirse en riesgo siempre y cuando su dieta sea saludable. Nunca está de más recordar que es importante lavar bien las frutas y verduras antes de su consumo.

¿Existen los alimentos anti cáncer?

Ningún alimento por sí mismo es capás de prevenir el cáncer; sin embargo una dieta en la que abunden las frutas y verduras de color verde oscuro, rojo o anaranjado, los cereales de grano entero y las leguminosas y que incluye cantidades moderadas de aceite de oliva, te verde y pescados en general se considera útil para reducir el riesgo de esta enfermedad.

¿Los alimentos cocinados a muy altas temperaturas o cocidos en exceso pueden favorecer el cáncer?

Probablemente. Algunos investigadores han encontrado que en alimentos cocinados a muy altas temperaturas como las papas fritas o papas a la francesa o en las carnes quemadas o sobrecocidas se producen sustancias que en estudios con animales se han relacionado con un mayor riesgo de algunos tipos de cáncer. Sin embargo esto no sucede con todos los alimentos por igual.

¿Cocinar alimentos en el horno de mircoondas puede causar cáncer?

No existen pruebas de esto. Las microondas no permanecen en los alimentos una vez que estos se retiran del horno y no se ha probado que estos hornos puedan causar algún daño a la salud cuando se utilizan adecuadamente.

Fuentes

Escott, S. (2011). Nutrición, diagnóstico y tratamiento. 7a ed. Philadelphia: Lippincot        Williams & Wilkins.

Griffin, M. Expert Q&A: The Anti-Cancer Diet. Recuperado de http://www.webmd.com/diet/features/expert-qa-anti-cancer-diet-karen-collins

Harvard Medical School. Red meat and colon cancer. Recuperado de http://www.health.harvard.edu/family_health_guide/red-meat-and-colon-cancer

Instituto Nacional del Cáncer. La acrilamida en los alimentos y el riesgo de cáncer. Recuperado de http://www.cancer.gov/espanol/recursos/hojas-informativas/riesgo-causas/acrilamida-en-alimentos

Layton, D., Bogen, K., Knize, M. (1995). Cancer risk of heterocyclic amines in cooked foods: an analysis and implications for research. Carcinogenesis, 16 (1): 39-52.

Michaud, D., Liu, S. Giovannucci, E. Willet, W., Colditz, G. (2012). Dietary Sugar, Glycemic Load, and Pancreatic Cancer Risk in a Prospective Study. J Natl Cancer Inst, 17, 1293-1300.

Organización mundial de la salud. Cáncer. Recuperado de http://www.who.int/topics/cancer/es/

Anuncios

La dieta alcalina

¿Qué es la dieta alcalina?

Los adeptos a la dieta alcalina afirman que una disminución del pH de la sangre es la causa de muchas enfermedades y que ésta se relaciona con una dieta inadecuada. Según ellos, una dieta alcalina ayudará a bajar de peso, eliminar malestares gastrointestinales, fortalecer el sistema inmunológico, mejorar las condiciones de la piel, prevenir la osteoporosis y el cáncer entre otras enfermedades. Aseguran que síntomas como el cansancio, la fatiga, los resfriados y el intestino irritable son consecuencias de una excesiva acidez.  Pare ellos, esta milagrosa dieta es un “sistema de limpieza y oxigenación.”

El objetivo de la dieta es mantener el pH de la sangre cercano a 7.4, para lo que se clasifica a los alimentos dividiéndolos en alimentos ácidos y alimentos alcalinos. En algunos sitios web que recomiendan este tipo de dieta se habla solo del pH de los alimentos, en otros se aclara que lo relevante es el residuo o ceniza que se obtiene como resultado del metabolismo de estos alimentos.

En ambos casos se recomienda consumir menores cantidades de alimentos ácidos (20%) y abundantes cantidades de alimentos alcalinos (80%). Entre los principales alimentos ácidos (o alimentos a evitar) se encuentran:

  • Café
  • Alcohol
  • Leche
  • Carnes
  • Pan y galletas
  • Harinas y cereales
  • Azúcar
  • Grasas saturadas
  • Arándanos y ciruelas

Entre los alimentos preferidos se encuentran las verduras, sobre todo las de hojas verdes, las algas, aguacate, algunas frutas, frutos secos y algunos tipos de cereales integrales.

Se motivan hábitos como beber agua alcalina, agua con bicarbonato o limón en ayunas, incluir determinado tipo de alimentos en momentos específicos del día y no hacer determinadas combinaciones de alimentos, por ejemplo de hidratos de carbono con proteínas.

Además se promueve el consumo de ensaladas y licuados verdes a los que con frecuencia se sugiere agregar polvos verdes, de algas por ejemplo.

¿Qué es el pH?

 pH es la abreviatura de potencial de hidrógeno, que es un parámetro usado para medir la acidez o alcalinidad de una sustancia. El rango de pH es de 0 a 14. Los valores menores a 7 indican acidez, los mayores a 7 indican alcalinidad y el 7 se considera neutro.

En el cuerpo humano el pH varía considerablemente de una región a otra. En el estómago el pH puede llegar a 1.5. El de la piel es de entre 4 y 6.5 y el de la orina es variable. El pH de la sangre es de entre 7.35 y 7.45. En individuos sanos este se mantiene dentro de límites estrechos, con  un valor normal medio de 7.4 +- 0.02 en el plasma arterial y de 7.38+- 0.02 en el plasma venoso.

Se considera que un individuo  está en acidosis cuando el pH arterial es menor a 7.38 y en alcalosis cuando el pH arterial es superior a 7.42 y ambas situaciones son altamente peligrosas y potencialmente mortales.

La verdad detrás del mito de la dieta alcalina

Muchas de las declaraciones de quienes apoyan a la llamada dieta alcalina se basan en suposiciones que contrarían lo que hoy se sabe sobre fisiología humana y no están sustentadas en evidencias científicas.

Por ejemplo, es un hecho que  todos los alimentos que comamos, pasarán por nuestro estómago, cuyo ambiente es muy ácido (pH entre 1.5 y 3.5), que es lo ideal para que enzimas digestivas como la pepsina puedan actuar. El consumo de alimentos ácidos o alcalinos es irrelevante para el pH en el estómago. Además, esta acidez será neutralizada después, en el intestino delgado, porque, una vez más, esto es necesario para continuar con el proceso de digestión y absorción.

Aún aceptando que lo importante no es el pH de los alimentos, sino sus residuos metabólicos, sabemos que la composición de la dieta es irrelevante para el pH de la sangre. Los diferentes alimentos, afectan el pH de la orina, pero un pH de la orina más bajo no significa que el de la sangre lo será también.

Un control muy preciso del pH es indispensable por los pronunciados efectos de sus variaciones (tanto hacia abajo como hacia arriba) en muchas de nuestras funciones vitales.

Es cierto que en los alimentos y medicamentos se encuentran pequeñas cantidades de ácidos o bases. También es cierto que como resultado de los procesos metabólicos para asimilar lo que comemos se produce CO2, ácido sulfúrico, ácido fosfórico, ácido láctico,  ácido acetoacético y ácido beta hidroxi butírico, pero nuestro organismo cuenta con mecanismos muy precisos para regular el pH de la sangre. Nuestros riñones y pulmones son los responsables de regularlo. Además, contamos con sistemas buffer de apoyo para regular el pH. Entre ellos se encuentran las proteínas de las células y el plasma, la hemoglobina, el fosfato, y el bicarbonato.

Dieta alcalina y cáncer

Uno de los campos en que más se ha promovido el uso de la dieta alcalina es en la prevención y tratamiento del cáncer. Sin embargo no existen evidencias de que esta dieta, juegue algún papel en esta enfermedad.

De hecho, el American Institute for Cancer Research en un comunicado aclaró al respecto que:  “Este mecanismo en el que a dieta puede cambiar la acidez de la sangre va en contra de todo aquello que conocemos en química acerca del cuerpo humano, por lo que es considerado como un mito. Diferente al pH de la orina, una selectiva dieta alcalina no provocaría un cambio sustancial en el pH de la sangre, o no haría cambios que tuvieran beneficios clínicos como afirman quienes la proponen. Esto es porque el mecanismo de regulación natural del cuerpo no requiere una dieta especial para trabajar; llevar una dieta alcalina podrá, a lo mucho, cambiar de forma mínima y pasajera el pH de la sangre”.

Algunos expertos opinan que las falsas asociaciones entre la dieta alcalina y la disminución en el riesgo de cáncer son el resultado de la manipulación de los hallazgos obtenidos de los importantes estudios sobre la respiración celular y el metabolismo de las células cancerosas hechos por Otto Heinrich Warburg, premio nobel de Fisiología.

Warburg descubrió que las células cancerosas utilizaban un mecanismo de respiración celular diferente al de las células sanas, el mecanismo llamado de la respiración anaeróbica, o sea, cuando falta oxígeno. Las células cancerosas tienen un metabolismo muy rápido y al no poderse satisfacer tan alta demanda de oxígeno recurren a la glucólisis anaeróbica para obtener energía (como nuestros músculos cuando hacemos un ejercicio de muy alta intensidad). Como resultado de esta glucólisis anaeróbica se produce ácido láctico. Pero entonces no hay que confundirnos: el medio ácido en que se encuentran las células cancerosas no es la causa del cáncer como algunos han querido promover, sino su consecuencia.

Dieta alcalina y osteoporosis

La hipótesis de que el consumo de alimentos que elevan la excreción urinaria de ácidos, en particular las proteínas de origen animal, se relaciona con un mayor riesgo de osteoporosis y fracturas ha sido estudiado desde hace décadas en el supuesto de que para neutralizar esta acidez se liberan mayores cantidades de calcio de los huesos. Sin embargo las revisiones más recientes sugieren que no existen evidencias que soporten dicha hipótesis ni de que una dieta alcalina pueda proteger a la salud ósea, dado que las pérdidas urinarias de calcio son compensadas por medio de diferentes mecanismos en sujetos sanos.

En cambio se sabe, que aunque un exceso en el consumo de proteínas de origen animal puede traer otras consecuencias negativas a la salud, estas son importantes para la salud ósea y se ha demostrado que los adultos mayores con un consumo insuficiente de estas suelen tener huesos más frágiles.

Dieta alcalina y control de peso

Aunque la dieta alcalina se ha promovida como una más de tantas dietas para adelgazar, no es en realidad una dieta que tenga la pérdida de peso como finalidad. Con cualquier tipo de dieta, si se ingieren más calorías de las que se gastan, habrá como resultado ganancia de peso y viceversa. Lo cierto, es que al incrementar el consumo de verduras y reducir el de carnes, azúcar y cereales, como se promueve en la dieta alcalina, la mayoría de las personas, al menos al principio, reducen su consumo energético lo que se traduce en pérdida de peso, pero esto no tiene que ver con el pH de los alimentos, la orina ni la sangre.

¿Es malo seguir una dieta alcalina?

Comer menos azúcar, cereales refinados, pan, galletas, carnes y grasas saturadas generalmente traerá más beneficios que males, pero esto no tiene nada que ver con el pH. Lo malo, desde mi punto de vista, es que promover planes de alimentación como la llamada dieta alcalina puede crear confusión, perpetuar mitos, generar miedos y obsesiones innecesarios y hasta puede hacer a las personas crearse falsas expectativas.

La obsesión por evitar los alimentos acidificantes puede además reducir la variedad de la dieta y hacer a las personas evitar alimentos deliciosos y saludables como los arándanos, ciruelas, avena, arroz o trigo que aparecen en las listas de alimentos “poco recomendables” según este régimen. También puede hacerlas sentir culpables si no tomaron su “jugo verde” cada mañana, cuando esto no es para nada indispensable en una dieta sana, así como tampoco lo es el hecho de tener que comprar agua alcalina o sales para alcalinizar los platillos.

Olvidando el pH, una dieta sana debe ser rica en frutas, verduras y cereales integrales, debe contener cantidades moderadas de proteínas y grasas vegetales y debe ser escasa en azúcar añadida y grasas saturadas. Adoptarla, sin duda hará a cualquier persona que no la seguía, sentirse mucho mejor y enfermarse menos. No hay ninguna magia en eso.

 

Fuentes:

Best y Taylor. Bases fisiológicas de la práctica médica Ed.Médica Panamericanca. Buenos Aires. 1990.

Bonjour, J. Nutritional disturbance in acid–base balance and osteoporosis: a hypothesis that disregards the essential homeostatic role of the kidney. Br J Nutr. Oct 14, 2013; 110(7): 1168–1177.

El mito de las dietas ácidas y alcalinas. Disponible en http://circuloesceptico.com.ar/2013/05/mito-dietas-acidas-alcalinas

Fenton, T. Causal assessment of dietary acid load and bone disease: a systematic review & meta-analysis applying Hill’s epidemiologic criteria for causality. Nutr J. 2011 Apr 30;10:41.

Hanley, D. Does a high dietary acid content cause bone loss, and can bone loss be prevented with an alkaline diet? J Clin Densitom. 2013 Oct-Dec;16(4):420-5.

Schwalfenberg, G.The Alkaline Diet: Is There Evidence That an Alkaline pH Diet Benefits Health? Journal of Environmental and Public Health 2012. Vol 2012.

Shils, M. Nutrición en salud y enfermedad. Ed. McGrawHill. México. 2002.