Dieta anti cáncer: Preguntas y respuestas

El cáncer es un grupo heterogéneo de enfermedades en las que algunas células crecen y se diseminan sin control. Puede aparecer prácticamente en cualquier parte del cuerpo y el tumor suele invadir el tejido circundante y puede provocar metástasis en puntos distantes del organismo.

Muchos tipos de cáncer se podrían prevenir evitando el tabaco, controlando el sobrepeso, adoptando una dieta saludable y haciendo actividad física con regularidad. Además, un porcentaje importante de cánceres puede curarse si se detecta en una fase temprana.

Con respecto a la alimentación y su relación con el cáncer es muy cierto que algunas dietas pueden ayudar en su prevención y otras podrían favorecerlo.

¿Sabes en realidad qué alimentos y características de la dieta te pueden ayudar a prevenir esta temible enfermedad? A continuación contestaremos algunas de las preguntas más frecuentes al respecto.

¿Las personas obesas tienen un mayor riesgo de cáncer?

Si. El exceso de grasa corporal favorece desajustes como el síndrome metabólico. Entre estos desajustes se destaca la resistencia a la insulina y un incremento en la producción de esta hormona, lo que se relaciona con inflamación y una mayor predisposición al crecimiento de células cancerosas. Las personas obesas tienen una mayor riesgo de padecer algunos tipos de cáncer como el de colon, mama, endometrio, páncreas, esófago y riñones entre otros.

¿Los conservadores y aditivos de los alimentos causan cáncer?

Con frecuencia escuchamos historias que relacionan a las sustancias químicas adicionadas a los alimentos con un mayor riesgo de cáncer. Aunque existe cierta posibilidad de que exista esta relación, hasta el momento no existen evidencias que la demuestren. Por otro lado existen muchos tipos de aditivos diferentes y no es posible generalizar. En mi opinión es más importante enfocarse en seguir una dieta saludable que preocuparse en exceso por este aspecto.

¿Las frutas y verduras pueden ayudar a prevenir el cáncer?

Si, y lo hacen a través de diferentes mecanismos. Por un lado son ricas en vitaminas, antioxidante y fitoquímicos que ayudan a nuestras células a mantenerse sanas y a autorepararse. Algunas de estas sustancias incluso pueden controlar el crecimiento de las células malignas.

Por otro lado, su contenido de fibra también ayuda a prevenir algunos tipos de cáncer como el de colon al acelerar la velocidad de vaciamiento del tubo digestivo.

Por último, el consumo de abundantes frutas y verduras nos ayuda a desplazar a otros alimentos de mayor densidad energética por lo que favorecen el mantenimiento de un peso corporal saludable, que también es importante para la prevención del cáncer.

¿La llamada dieta alcalina reduce el riesgo de cáncer?

No. El pH de la dieta no es capás de modificar el pH de la sangre o de modificar el comportamiento celular. Aunque una dieta rica en frutas y verduras (la dieta alcalina lo es) puede ayudar a prevenir el cáncer, esto no tiene que ver con su pH, sino con otros mecanismos ya mencionados arriba.

¿El consumo de carnes rojas favorece el cáncer?

Probablemente si. Existen algunas evidencias de que el consumo de carne puede relacionarse con algunos tipos de cáncer, sobre todo el de colon. Pero existe una cantidad de carne que puede ser consumida con seguridad. El riesgo de cáncer se incrementa cuando se consumen más de 18 onzas de carne a la semana. Así que no es necesario eliminarla de la dieta, pero si limitar su consumo. Comer carne dos veces por semana en un tamaño de porción razonable y como parte de una dieta rica en frutas y verduras no representa riesgos. Además es preferible evitar las carnes curadas o ahumadas, que parecen tener una relación aún mayor con el riesgo de cáncer.

¿El azúcar incrementa el riesgo de cáncer?

El consumo de azúcar por si mismo no se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer. Sin embargo, su consumo excesivo favorece el sobrepeso y la obesidad, que como ya dijimos arriba, sí favorecen la aparición de esta enfermedad. Además, en las personas con resistencia a la insulina (que también es un factor de riesgo para el cáncer) limitar el consumo de azúcar mejora el control metabólico y disminuye la hiperinsulinemia.

¿Comer productos orgánicos reduce el riesgo de cáncer?

Aparentemente no. No existen evidencias contundentes para afirmarlo. Aunque los alimentos orgánicos pueden tener algunas ventajas, en general los alimentos convencionales no superan la cantidad de residuos de pesticidas y otras sustancias que es segura para consumo humano. No se han encontrado diferencias en el riesgo de cáncer entre las personas que comen solo productos orgánicos y las que comen alimentos convencionales. Así que las personas que no pueden costear una dieta a base de alimentos orgánicos no deben sentirse en riesgo siempre y cuando su dieta sea saludable. Nunca está de más recordar que es importante lavar bien las frutas y verduras antes de su consumo.

¿Existen los alimentos anti cáncer?

Ningún alimento por sí mismo es capás de prevenir el cáncer; sin embargo una dieta en la que abunden las frutas y verduras de color verde oscuro, rojo o anaranjado, los cereales de grano entero y las leguminosas y que incluye cantidades moderadas de aceite de oliva, te verde y pescados en general se considera útil para reducir el riesgo de esta enfermedad.

¿Los alimentos cocinados a muy altas temperaturas o cocidos en exceso pueden favorecer el cáncer?

Probablemente. Algunos investigadores han encontrado que en alimentos cocinados a muy altas temperaturas como las papas fritas o papas a la francesa o en las carnes quemadas o sobrecocidas se producen sustancias que en estudios con animales se han relacionado con un mayor riesgo de algunos tipos de cáncer. Sin embargo esto no sucede con todos los alimentos por igual.

¿Cocinar alimentos en el horno de mircoondas puede causar cáncer?

No existen pruebas de esto. Las microondas no permanecen en los alimentos una vez que estos se retiran del horno y no se ha probado que estos hornos puedan causar algún daño a la salud cuando se utilizan adecuadamente.

Fuentes

Escott, S. (2011). Nutrición, diagnóstico y tratamiento. 7a ed. Philadelphia: Lippincot        Williams & Wilkins.

Griffin, M. Expert Q&A: The Anti-Cancer Diet. Recuperado de http://www.webmd.com/diet/features/expert-qa-anti-cancer-diet-karen-collins

Harvard Medical School. Red meat and colon cancer. Recuperado de http://www.health.harvard.edu/family_health_guide/red-meat-and-colon-cancer

Instituto Nacional del Cáncer. La acrilamida en los alimentos y el riesgo de cáncer. Recuperado de http://www.cancer.gov/espanol/recursos/hojas-informativas/riesgo-causas/acrilamida-en-alimentos

Layton, D., Bogen, K., Knize, M. (1995). Cancer risk of heterocyclic amines in cooked foods: an analysis and implications for research. Carcinogenesis, 16 (1): 39-52.

Michaud, D., Liu, S. Giovannucci, E. Willet, W., Colditz, G. (2012). Dietary Sugar, Glycemic Load, and Pancreatic Cancer Risk in a Prospective Study. J Natl Cancer Inst, 17, 1293-1300.

Organización mundial de la salud. Cáncer. Recuperado de http://www.who.int/topics/cancer/es/

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10 tips para bajar de peso después del embarazo

Si acabas de tener un bebé, antes que nada, déjame felicitarte. Seguro que muchos momentos maravillosos están por venir.

Pero ahora con todas las nuevas emociones, obligaciones y actividades que te esperan no debes olvidar tu salud. Volver a un peso saludable en un tiempo razonable es importante para que te sientas bien contigo misma y tengas toda la energía que necesita una nueva mamá.

La mitad del peso ganado en el embarazo se pierde en las primeras semanas. La otra mitad debe perderse en los meses siguientes (aproximadamente seis meses). Permitirte a ti misma mantener algo  (o todo) del peso del embarazo por un tiempo mayor a este con la justificación de que “es normal”, “ya pasará” y “no es momento de preocuparme por la dieta” no solo incrementará tu riesgo de enfermedades, sino que además te hará sentir descontenta contigo misma. Por otro lado, hacer dietas drásticas para intentar volver a tu peso de inmediato también pondrá en riesgo tu salud, incrementará las posibilidades de que recuperes el peso después y reducirá tu producción de leche. Así que te dejo algunas recomendaciones para que bajes de peso después del embarazo sin caer en ninguno de los dos extremos.

  1. Amamanta a tu bebé. Ya en otro momento he hablado de todos los beneficios de la lactancia materna tanto para el bebé como para la madre, así que por ahora solo quiero recordarte que debes intentar por todo los medios amamantar a tu bebé el mayor tiempo posible. ¡Aprovecha que amamantar te hace quemar más de 300 calorías diarias!
  2. Olvida las dietas drásticas o muy bajas en calorías. Si bien las dietas para adelgazar rápido no son muy recomendables casi para nadie, menos los son para ti en este momento. Una dieta muy estricta podría reducir tu producción de leche, comprometer su calidad o generarte deficiencias de nutrimentos importantes como el calcio. Además, mientras sigues una dieta muy baja en calorías podrías sentirte cansada y sin energías para atender a tu bebé.
  3. Date tiempo para desayunar. Las nuevas mamás con frecuencia se enfrentan a una y mil tareas que las mantienen ocupadas todo el día haciendo que incluso se olviden de comer. No permitas que esto te pase. Recurre a la ayuda de tu pareja, familiares o amigos para que te ayuden a preparar alimentos y/o atender al bebé para que no omitas tu desayuno, ni ninguna otra de las comidas del día. Aunque parece contradictorio, dejar de comer, puede hacerte más difícil la pérdida de peso a largo plazo.
  4. Come varios refrigerios a base de verduras, frutas y proteína. Date tiempo para comer dos o tres refrigerios al día. Piensa en cosas sencillas de preparar, servir y comer, pero ricas en fibra, agua y proteínas. Si además son ricas en calcio mucho mejor. Piensa en cosas como tiras de verduras crudas con queso cottage, frutas frescas con yogurt bajo en grasa, pequeñas porciones de nueces, o algo parecido.
  5. Come despacio. Una vez más, no quieras hacer todo tu sola. Recurre a la ayuda de tus seres queridos para que al menos mientras comes puedas tomarte tu tiempo. Comer de prisa te hace comer en exceso y comer cosas poco saludables.
  6. Sírvete en platos pequeños. “Engaña” a tu cerebro sirviendo tu comida en platos pequeños y vasos delgados para reducir un poco el tamaño de tus porciones. La moderación es clave para conseguir tu objetivo.
  7. Bebe suficiente agua. Mientras amamantas necesitas grandes cantidades de líquido. Toma entre 10 y 11 vasos de agua al día, pero evita las bebidas azucaradas. La necesidad de tomar bebidas muy energéticas como atoles o cerveza se basan más en mitos que en la realidad. Si tomas suficiente agua, llevas una dieta saludable y pones a tu bebé a succionar con frecuencia producirás suficiente leche.
  8. Reduce tu consumo de grasa saturada y azúcar. Es probable que durante el embarazo te hayas “consentido” un poco con algunos antojos dulces o grasosos. Si es así para ya. Aún con el gasto de calorías adicional que acarrea la lactancia, abusar del azúcar y las grasas te impedirá perder peso y hasta podría hacerte ganar más.
  9. Pasea a tu bebé en la carriola. Si no tienes tiempo de ir al gimnasio o aún no te sientes lista para volver, empieza por caminar diariamente empujando la carriola mientras paseas a tu bebé. Poco a poco alarga el recorrido o incrementa la velocidad a la que caminas.
  10. Procura dormir mientras tu bebé duerme. Se ha comprobado que dormir mal favorece la ganancia de grasa corporal. Así que mientras tu bebé duerme olvida las labores domésticas, apaga el televisor, desconéctate del teléfono y las redes sociales y duerme también.

 

Cómo bajar de peso comiendo más

Existen diferentes tipos de dietas y planes de alimentación para bajar de peso. Lo cierto es que para lograrlo y mantenerse, se necesita seguir el que mejor se adapte a las necesidades de cada quien.  Si los platos pequeños y las raciones a la mitad no son para tí, sigue leyendo.

Una de las quejas comunes de quienes inician  una dieta para bajar de peso es que sufren hambre a lo largo del día, padecen de frecuentes antojos de todos los alimentos que no están incluidos en la dieta y al poco tiempo de empezar se dan por vencidos sin llegar a los objetivos que se habían propuesto.

Para bajar de peso, y sobre todo para mantenerse en el nuevo peso alcanzado, es necesario que el plan de alimentación que se adopte sea lo suficientemente flexible y cómodo como para seguirse a largo plazo y que se adapte a las necesidades y preferencias de cada quién.

Para adelgazar es indispensable gastar más calorías de las que se consumen. De esta forma, el cuerpo tomará las calorías que le hagan falta de las reservas de grasa que tengamos acumuladas.  Para lograrlo es necesario aumentar el gasto de calorías a través de la actividad física y del ejercicio y reducir las calorías que ingresan siguiendo una dieta baja en calorías. Afortunadamente no todas las dietas bajas en calorías tienen que ser equivalentes a porciones microscópicas,  a pasar hambre todo el día y a sentirse de mal humor todo el tiempo.

Si  te consideras una persona “de muy buen apetito” y no te satisfacen las porciones pequeñas de alimentos, tal vez una dieta con mucho volumen y baja densidad energética sea lo mejor para tí. La densidad energética es la cantidad de calorías que tiene un alimento o platillo por cada gramo.

Reducir las calorías  de la dieta comiendo más

La clave está en la selección de alimentos que hagamos y en la forma de prepararlos. Las decisiones acertadas recortarán la cantidad de calorías que consumimos mientras que el tamaño de nuestros platos puede mantenerse igual o hasta crecer.

Si quieres bajar de peso sin dejar de comer deberás aprender a reconocer en tu plato  a esos ingredientes que multiplican las calorías para reducirlos y sustituirlos por otras opciones que reduzcan la densidad energética de tu dieta.

Alimentos de baja densidad energética

Algunos de los alimentos que proporcionan menos calorías por gramo son los que contienen mayores cantidades de  fibra y/o agua. Los cereales integrales con alto contenido de fibra,  las frutas y las verduras, así como las sopas caldosas son algunos ejemplos. Inclúyelos en todas sus comidas y refrigerios para dar mayor volumen y poder de saciedad a tu dieta.

Alimentos de alta densidad energética

Al mismo tiempo que aumentas los alimentos de poca concentración de calorías, reduce los que, por el contrario, multiplican la cantidad de calorías en poca cantidad de alimento. Los alimentos  ricos en azúcar y grasa son por excelencia, los de mayor densidad energética. Así que reducir la cantidad de grasa y azúcar al cocinar es siempre un excelente consejo.

Tips para disminuir la densidad energética de la dieta

  • Come frutas y verduras frescas en los refrigerios
  • Sustituye los bizcochos, pastelillos y pan dulce por pan integral
  • Sustituye la leche entera  y quesos grasos por leche descremada, yogurt bajo en grasa y quesos frescos.
  • Comienza tu comida principal del día con una sopa caldosa de verduras, un consomé desgrasado o una ensalada fresca.
  • Prepara platos fuertes que incluyan entre sus ingredientes cantidades considerables de frutas y/o verduras.
  • Prepara tus platillos asados, al vapor, al horno o estofados en lugar de fritos, capeados, rebosados o empanizados.
  • Engrasa los utensilios de cocina que usarás con aceite en spray o con una servilleta de papel mojada con aceite en lugar de verterlo  directamente de la botella.
  • Sustituye los aderezos cremosos y grasos por aderezos bajos en calorías a base de limón, hierbas aromáticas, etc.
  • Evita los postres elaborados a base de leche entera, mantequilla o huevos.
  • Compra embutidos  y carnes frías bajos en grasa en lugar de los regulares.
  • Evita las bebidas azucaradas como las bebidas carbonatadas regulares y los jugos industrializados.
  • Reduce tu consumo de bebidas alcohólicas.

Ejemplos

Lee cuidadosamente los dos ejemplos siguientes. Ambos contienen alimentos y platillos comúnmente consumidos en México. Trata de imaginar la cantidad de alimentos servida en tu plato. Te sorprenderá como el menú  con mayor cantidad de alimentos es el más bajo en calorías.

 

Menú de alta densidad energética Menú de baja densidad energética
Desayuno 2 huevos revueltos con 30g de jamón

2 reb de pan tostado con mantequillla

1 vaso de leche entera

1 vaso de jugo de naranja industrializado

 

640 kilocalorías

1 huevo revuelto con 1 taza de champiñones

 

2 rebanadas pan de caja integral

 

1 vaso de leche descremada

 

1 tza de fresas

 

1 tza de té sin azúcar

 

380 kilocalorías

Refrigerio 1 café capuchino

1 muffin

 

210 kilocalorías

1 café americano

6 galletas de animalitos

1 manzana

½ tza de gelatina light

 

180 kilocalorías

Comida 1 taza de spaghetti con queso

Milanesa de res empanizada (120g)

Papas a la francesa (10 pzas)

1 bola de helado

1 lata de refresco de cola

 

1050 kilocalorías

Consomé de pollo desgrasado con verduras

½ tza de arroz al vapor

Estofado de res con verduras (80 g de carne, 1 taza de verdura)

½ tza de frijoles cocidos

1 tortilla de maíz

1 bola de nieve de fruta

2 vasos grandes de té helado con endulzante sin calorías

 

720 kilocalorías

Refrigerio 1 paquete de papas fritas

 

150 kilocalorías

3 tazas de palomitas de maíz naturales

 

100 kilocalorías

Cena 1 sandwich de jamón con queso americano y mayonesa

1 vaso de refresco

 

450 kilocalorías

1 sandwich de pechuga de pavo con lechuga, jitomate y germinado de alfalfa

1 vaso de agua de jamaica o limonada sin azúcar

1 durazno

 

250 kilocalorías

 

Kilocalorías totales 2500 1630

Como habrás notado, para bajar de peso no necesariamente tienes que “comer poco”. Más bien tienes que identificar qué alimentos comer con frecuencia y en abundancia y cuáles evitar.

 

 

 

 

 

 

Sobrepeso y obesidad infantil: Recomendaciones para su tratamiento

El sobrepeso y la obesidad son enfermedades que se han vuelto cada vez más comunes por lo que se dice que existe una epidemia mundial. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 en México, más del 30% de los niños tienen un exceso de peso corporal.

El sobrepeso se define como un peso corporal mayor a lo deseable para la estatura. La obesidad es un exceso de grasa corporal. Las personas con sobrepeso u obesidad tienen una mayor tendencia a padecer enfermedades y viven menos años que las personas que conservan un peso saludable.

Los niños con sobrepeso y obesidad tienen un alto riesgo de seguir padeciendo estas enfermedades en la edad adulta y  además de ver afectadas sus relaciones sociales y el desarrollo de su autoestima tienen mayor riesgo de desarrollar posteriormente hipertensión arterial, diabetes, alteraciones de colesterol y triglicéridos, problemas ortopédicos entre otras enfermedades. Por las razones anteriores es muy importante iniciar un plan para controlar el sobrepeso en los niños independientemente de su edad.

¿Es conveniente que los niños bajen de peso?

A diferencia de los adultos, en la mayoría de los niños el objetivo principal no es la pérdida de peso sino el mantenimiento del mismo. ¿Porqué el mantenimiento del peso? Porque al estar en etapa de crecimiento, las dietas que favorezcan la pérdida de peso podrían poner en riesgo el crecimiento. Por el contrario, si se logra mantener el peso estable conforme el niño va ganando estatura, poco a poco el grado de sobrepeso irá siendo menor.

¿Qué se necesita para controlar el sobrepeso y obesidad infantil?

Para lograr el mantenimiento del peso en niños se emplean diferentes estrategias enfocadas a lograr dos objetivos principales.

  • Reducir las calorías que consumen
  • Incrementar la actividad física

Recomendaciones para disminuir el consumo de calorías

Disminuir la cantidad de azúcar y grasa de la dieta es la mejor forma de reducir las calorías que los niños consumen.

Para reducir la cantidad de azúcar procura:

  • Evitar bebidas de sabor y refrescos
  • Evitar endulzar la leche
  • Preferir yogurt natural
  • Limitar el uso de mermeladas, cajeta, crema de avellanas o cacahuate
  • Servir frutas como postre
  • Limitar en cantidad y frecuencia el consumo de golosinas

Para disminuir la cantidad de grasa en la dieta:

  • Disminuye la cantidad de aceite, mantequilla y margarina que  se usa para cocinar, solo engrasa ligeramente los sartenes y utensilios.
  • Sustituye los quesos grasosos como manchego o chihuahua por quesos bajos en grasa como el panela, el fresco o el requesón.
  • Prefiere la leche descremada.
  • Disminuye la cantidad de carnes, quesos, lácteos, huevos y otros alimentos de origen animal e incrementa las cantidades de frutas, verduras y cereales.
  • Limita la cantidad de pan dulce, pastelillos y galletas con grasa, ofrece en su lugar panes integrales, avena, arroz, galletas marías o de animalitos.
  • Limita la cantidad y la frecuencia de consumo de frituras.
  • Evita agregar mayonesa, crema y aderezos cremosos a sus platillos.

Recomendaciones para incrementar la actividad física

Los niños deben realizar una hora diaria de actividad moderada a intensa para evitar o tratar el sobrepeso. La mayor parte de este ejercicio debe ser de tipo aeróbico como caminar, correr, bailar, nadar, jugar futbol, andar en bicicleta, patinar, etc. Para lograrlo algunas recomendaciones son:

  • De ser posible involucra a tu hijo o hija en actividades deportivas dirigidas en grupo.
  • De no ser posible establezcan juntos un horario fijo para hacer ejercicios en casa.
  • Los fines de semana y días libres prefieran actividades recreativas al aire libre.
  • Involucra a tu hijo o hija en tareas domésticas.
  • Limita el horario permitido para ver televisión, jugar videojuegos o usar la computadora.

¿Cómo poner en marcha un programa par controlar el sobrepeso en niños?

  • Antes que nada, todos los miembros de tu familia deben comprender que la participación y apoyo de todos y cada uno es importante para el niño con sobrepeso: ¿Cómo podría el pequeño dejar de tomar refresco si se sigue comprando en casa y los demás lo toman?
  • Solicita la ayuda de un profesional para hacer un diagnóstico correcto, establecer objetivos razonables y definir las estrategias más adecuadas.
  • Analiza junto con el profesional y el niño cuáles de las recomendaciones y estrategias mencionadas arriba pueden funcionarle bien, selecciona unas pocas (de tres a cinco)  para establecerlas como objetivos principales por algunas semanas y empiecen juntos a trabajar con ellas. Una vez logradas agreguen una o dos más. Por ejemplo, podrían elegir como primeras estrategias evitar agregar chocolate y azúcar a la leche, limitar el consumo de frituras a una vez por semana y agregar tres horas de ejercicio a la semana. Una vez que el niño se ha acostumbrado a ellas podrían agregar lavar el carro dos veces por semana (además de las otras actividades físicas) y limitar el consumo de galletas a 1 vez cada dos semanas.
  • Reconoce el esfuerzo del niño y alaba sus logros por pequeños que parezcan. Establezcan un “plan de recompensas” para mantener al niño motivado. Por ejemplo, peguen juntos una estrellita en un calendario por cada semana de objetivos cumplidos. Considera la posibilidad de un pequeño premio (que no sea comida o se relacione con ella) por cada 4 o 5 estrellitas acumuladas.
  • Vigila el peso y la estatura cada mes.
  • Nunca des medicamentos o suplementos si no son prescritos por un médico.

¿Son necesarios los productos light para los niños con sobrepeso?

Como ya se mencionó arriba, los objetivos para el tratamiento del sobrepeso de los niños son disminuir el aporte de calorías e incrementar la actividad física hasta alcanzar el mantenimiento del peso corporal. Esto puede lograrse sin necesidad de recurrir a productos light. Reducir el consumo de alimentos ricos en calorías, azúcar y grasa y sustituirlos por frutas, verduras y cereales es suficiente.

Por otro lado, acostumbrar a los niños a  comer alimentos naturales sin necesidad de endulzarlos, es un buen hábito que podría perdurar toda la vida y beneficiar a los niños a largo plazo. Existen en el mercado muy distintos tipos de productos Light. Algunos son libres de calorías, otros si aportan calorías, pero menos que un producto regular; algunos pueden ser libres de azúcar pero con cantidades moderadas a altas de grasa o por el contrario, ser bajos en grasa pero con cantidades considerables de azúcar. Siempre lee cuidadosamente las etiquetas de los productos industrializados (light o no) y enseña a tus hijos a hacerlo. Verifiquen la cantidad de grasa, azúcar, fibra y sodio que contienen. De ser necesario incluir algunos productos industrializados elijan las opciones con más fibra y menos azúcar, grasa y sodio.

Entre los endulzantes  artificiales sin calorías aprobados para los niños están el aspartame, acesulfame y sucralosa. El hecho de que estén aceptados no significa que puedan consumirse libremente. Sus efectos reales a largo plazo no están claramente comprobados. Algunos endulzantes bajos en calorías como el sorbitol que se usa en algunos dulces y gomas de mascar pueden ocasionar diarreas en los niños. Siempre lee en las etiquetas el tipo de endulzante que contienen los productos light o bajos en calorías.

Por último recuerda que el tratamiento del sobrepeso requiere un gran esfuerzo a largo plazo. Los niños con sobrepeso requieren un gran apoyo y motivación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los 10 mandamientos de una dieta sana

Casi todos los días leo, veo en la televisión o escucho de otras personas toda clase de recomendaciones dietéticas. Unas para bajar de peso, otras para mejorar la salud o prevenir enfermedades.  Desafortunadamente, muchas de esas recomendaciones que circulan por todas partes no pueden generalizarse para toda la gente o carecen de todo fundamento o evidencia científica que las respalde, por lo que solo sirven para crear confusión, miedos innecesarios o malos hábitos alimentarios.

Así que  me puse a pensar, de acuerdo con las leyes de la dieta recomendable, cuáles son las 10 principales recomendaciones dietéticas que, desde mi punto de vista, pueden beneficiar a la mayoría de las personas sin importar su edad, ocupación, preferencias o intereses y que además tengan un considerable cúmulo de evidencias que las respalden.  Las he llamado los 10 mandamientos de una dieta sana y son los siguientes:

  1. Ejercita la moderación. Come con moderación. Bebe con moderación. Una dieta saludable no tiene que privarte de todo lo que te gusta, pero es importante aprender a moderar los tamaños de porción y la frecuencia con que se comen algunos alimentos.
  2. Come al menos 5 porciones diarias entre frutas y verduras. Son ricas en fibra, vitaminas, minerales, antioxidantes y otras sustancias indispensables para mantener la salud. Existen muchas evidencias de su importante papel en la prevención de diferentes tipos de enfermedades. Procura incluir en tu dieta diaria al menos tres porciones de verduras y dos de frutas de diferentes colores y texturas. Agrégalas a sopas, platos fuertes, ensaladas, sandwiches, botanas, licuados, postres…
  3. Sustituye por cereales integrales al menos la mitad de tus porciones. Disminuir la cantidad de cereales refinados y sustituirlos por sus versiones integrales también se ha relacionado con un menor riesgo de diferentes enfermedades. Así que procura que al menos la mitad de los que comes diariamente cumplan con esta característica. Algunas opciones son los panes y cereales instantáneos elaborados a base de granos enteros, el arroz integral, avena, pastas integrales y tortillas de maíz.
  4. Come menos animal y más vegetal. Si observas esquemas de orientación alimentaria como el Plato del Bien Comer en México o My Plate de Estados Unidos verás que solo una pequeña proporción de de ellos está formada por alimentos de origen animal ricos en proteínas (carne, pescado, pollo, huevo, lácteos). El resto del esquema, o del plato, se llena con cereales, verduras y frutas. Aunque las proteínas de buena calidad son indispensables para mantener la salud, nuestro requerimiento puede cubrirse con esa proporción de alimentos de origen animal e incrementarla no nos dará beneficios adicionales.plato del bien comerMy plate
  5. Limita tu consumo de grasas saturadas. Aunque muchas controversias se han levantado al respecto, lo cierto es que las evidencias señalan que un consumo elevado de este tipo de grasas predispone a padecer enfermedades crónicas como la enfermedad coronaria. Las grasas saturadas se encuentran principalmente en alimentos como la mantequilla, crema, manteca, partes grasas de las carnes, chorizo, tocino, leche entera y sus derivados, helados, postres, pasteles, bizcochos y galletas. Así que elije carnes magras, retira las partes grasas de las carnes, la piel del pollo, sustituye los lácteos enteros por lácteos descremados y modera tu consumo de productos de pastelería y repostería. También acostúmbrate a leer las etiquetas con la información nutrimental de los productos industrializados antes de comprarlos y busca la cantidad de grasa  total y grasa saturada que contienen por porción. Considera que para que un producto pueda ser considerado bajo en grasa debe contener un máximo de 3 gramos de grasa total en la porción que será consumida.
  6. Evita los alimentos y bebidas con azúcar añadida. El exceso de azúcar en la dieta es una de los principales problemas dietéticos que está tratando de ser atacado hoy en día por sus graves consecuencias para la salud y lo fácil que resulta excederse. Para reducir tu consumo de azúcar evita añadirla a tus platillos y bebidas y lee la cantidad que contienen los productos industrializados que consumes. Elige los que tengan menores cantidades o que no contengan azúcar añadida.
  7. Disminuye tu consumo de productos procesados ricos en sodio. Las comidas precocidas, congeladas, enlatadas e instantáneas pueden facilitarle la vida a muchas personas, pero suelen contener cantidades elevadísimas de sodio. La mayoría de las personas en los países occidentales tienen un consumo muy superior a los 2g de sodio que recomienda la OMS, lo que incrementa su riesgo de enfermedades cardiovasculares. Los productos industrializados contribuyen de manera muy importante a elevar nuestro consumo de sodio (además de que muchos pueden ser también ricos en azúcar y grasas saturadas), por lo que me parece muy importante recomendar el consumo de alimentos frescos y platillos de preparación casera con la mayor frecuencia que sea posible.
  8. Varía tu dieta. Come alimentos y platillos diferentes cada día, cada semana y cada temporada del año.
  9. Come en casa con la mayor frecuencia posible. Disfrutar una deliciosa comida en tu restaurante favorito de vez en cuando es una experiencia muy agradable, pero comer fuera diariamente la mayor parte del día puede traer consecuencias desagradables. Las personas que comen en casa encuentran mucho más fácil controlar las cantidades de  calorías, sal, azúcar y grasas que consumen y tienen menores riesgos de sufrir reacciones adversas relacionadas con los alimentos. Así que intenta hacer el mayor número posible de comidas en casa o intenta llevar alimentos fáciles de transportar que puedas comer mientras estás fuera. Si definitivamente debes hacer algunas comidas fuera aún debes recordar aplicar los otros 9 mandamientos.
  10. Evita omitir algún(os) tiempo(os) de comida. Brincarse el desayuno, la cena o cualquier otra comida del día intencionalmente puede sonar tentador para quienes quieren reducir su consumo de calorías, pero a la larga resulta contraproducente. Otras personas no lo hacen intencionalmente, pero están tan ocupadas todo el día que se olvidan de darse el tiempo para comer. En cualquiera de los dos casos, omitir comidas es una mala idea. Nuestros órganos necesitan combustible para trabajar adecuadamente. Además llegar a una comida después de muchas horas de ayuno no solo puede producir malestares gastrointestinales, sino que también es una forma fácil de perder el control de qué y cuánto comer.

 

 

 

 

 

Cómo reducir el consumo de azúcar

Actualmente el consumo de azúcar en muchos países occidentales suele ser mucho mayor que el límite recomendado. El consumo elevado de estos azúcares incrementa el riesgo de obesidad y se relaciona también con presión arterial elevada y triglicéridos altos, que son factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares y probablemente también con otras muchas enfermedades crónicas.

La Asociación Americana del Corazón recomienda que el consumo de calorías a partir de azúcares añadidos en la dieta no supere las 100 kilocalorías para las mujeres o las 150 para los hombres, lo que equivale a 6 y 9 cucharaditas respectivamente. Las cantidades recomendadas para los niños son aún menores.

Aunque algunos de nuestros órganos, como el cerebro, requieren de azúcar  (glucosa) para llevar a cabo sus funciones normalmente, podemos obtener esa glucosa a partir de los alimentos que consumimos, aún cuando no se les añada azúcar. Además, algunos alimentos como las frutas, lácteos y cereales contienen azúcares de forma natural.

Los azúcares añadidos son azúcares o jarabes adicionados a los alimentos durante su procesamiento o preparación o agregados en la mesa. Muchos alimentos y bebidas industrializados contienen grandes cantidades de azúcares añadidos. En la industria alimentaria se añade azúcar a muchos productos para mejorar su sabor, modificar su textura o como conservador.

Recomendaciones para reducir el consumo de azúcar

  1. Reduce o elimina la cantidad de azúcar que añades a tu café, té, cereal, leche, etc.
  2. Considera que las “fuentes más naturales” como la miel o el azúcar mascabado también cuentan como azúcar añadida, así que no te dejes engañar.
  3. Reduce la cantidad de bebidas endulzadas que tomas. Sodas, refrescos, aguas de sabor, jugos industrializados, leche saborizada, café con leche, capuchino, son una bomba de calorías líquidas con grandes cantidades de azúcar.
  4. Cambia el yogurt endulzado por yogurt natural.
  5. Busca variedades de cereales que no estén escarchadas con azúcar, miel o chocolate.
  6. Disminuye tu consumo de pan dulce, bizcochos, pasteles, postres, caramelos y helados.
  7. No confundas “light” con libre de azúcar. Revisa también las etiquetas de los productos bajos en calorías.
  8. Si tienes antojo de comer algo dulce come frutas naturales frescas o secas, pero sin azúcar añadida.
  9. Lee las etiquetas de los productos industrializados que compres. Aún las galletas “saludables” y las barras energéticas pueden estar cargadas de azúcar. También algunos productos que no son dulces, como los aderezos o la salsa catsup contienen azúcar, así que analiza bien los productos que elijas.

Desafortunadamente, en la información nutrimental disponible en el etiquetado de la mayoría de los productos industrializados solo se reporta la cantidad de azúcar total sin informar la cantidad de azúcares añadidos y la cantidad de azúcares naturalmente disponibles en el o los ingredientes por separado. Por ejemplo, un yogurt sabor fresa tiene el azúcar natural de la leche (lactosa), tal vez un poco de azúcar natural de las fresas y el azúcar que se añade para modificar su sabor. Sin embargo la etiqueta solo informa la cantidad total de azúcar, lo que hace difícil estimar la cantidad real de azúcar añadida que estamos comiendo.

De cualquier manera podemos detectar en la lista de ingredientes la presencia de azúcar añadida cuando encontramos palabras como:

  • Azúcar
  • Azúcar granulada
  • Azúcar morena
  • Azúcar mascabado
  • Azúcar invertido
  • Miel
  • Sacarosa
  • Fructosa
  • Glucosa
  • Dextrosa
  • Melaza
  • Maltosa
  • Jarabe de malta
  • Jarabe de maíz
  • Jarabe de maple
  • Jarabe de alta fructosa
  • Concentrado de jugo de fruta
  • Jugo concentrado de caña

 

Déficit de atención y dieta

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)  es un desorden común entre los niños. Ocurre en hasta 10% de los niños y 5% de las niñas en edad preescolar y escolar y aunque en ocasiones los síntomas desaparecen con la edad, el 65% de los niños que lo padecen siguen presentando síntomas del trastorno en la edad adulta.

Estos síntomas pueden resumirse en tres características: impulsividad, distracción e hiperactividad. Dichas características pueden presentarse en iguales magnitudes o puede dominar una de ellas sobre las otras dos.

En alguna época se pensó que el consumo elevado de azúcar se relacionaba con los síntomas de hiperactividad, pero no existen evidencias científicas que lo demuestren. Por lo tanto, las dietas demasiado restringidas y libres de azúcar no se justifican, aunque el abuso de estos carbohidratos no es recomendable para nadie por muchas otras razones, como su relación con el sobrepeso, síndrome metabólico y caries dental entre otras enfermedades.

Una gran variedad de alimentos y aditivos, principalmente los que suelen ser causantes de alergias alimentarias, como la leche, las nueces, el trigo, el pescado y la soya se han relacionado con la aparición de los síntomas y otros trastornos de la conducta, pero no todos los niños diagnosticados con TDAH responden a las dietas que eliminan los alimentos  sospechosos.

También se ha reportado que altas dosis de vitamina B6 junto con Magnesio, ayudan a reducir la hiperactividad y a  mejorar la atención. Sin embargo, no está muy claro si estos beneficios se observan en niños que no presenten deficiencias de estos nutrimentos.

En la actualidad, los  principales componentes dietéticos que se han relacionado con los síntomas de TDAH son algunos aditivos empleados en la industria alimentaria como los  colorantes y  saborizantes artificiales y algunos conservadores. Numerosos padres de niños con TDAH han manifestado que encuentran disminución significativa de los síntomas en sus hijos al seguir una dieta sin colorantes ni saborizantes artificiales. Sin embargo, resulta difícil apegarse a este tipo de dieta a largo plazo dada la enorme cantidad de alimentos procesados que contienen este tipo de sustancias y la gran difusión y aceptación  que estos tienen entre los niños.

Es importante mencionar que el consumo de colorantes y saborizantes no es la causa de este trastorno y no origina ninguno de los síntomas arriba mencionados en personas sanas. Por otro lado, no todos los niños con TDAH son sensibles a estos aditivos, por lo que no necesariamente todos los pacientes con este trastorno responderán igual a la dieta en que estos se eliminen.

En general, se sugiere que al intentar hacer cualquier modificación dietética en busca de una mejoría de los síntomas se tomen en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Como con cualquier otra persona, debe adoptarse una dieta saludable con todas las características de la dieta recomendable.
  • Leer las etiquetas de todos los productos industrializados para determinar cuáles tienen colorantes y/o saborizantes artificiales. (Verificar cereales instantáneos, galletas, panes, pastelillos, bebidas de sabores, jugos, leches saborizadas, yogurt, helados, gelatinas, dulces, sopas instantáneas, tabletas de vitaminas, pasta dental, entre otros).
  • Eliminar solo unos pocos alimentos a la vez (por ejemplo intentar eliminar solo los que tienen saborizantes de vainilla o chocolate antes de eliminar todos los saborizantes y colorantes).
  • Hacer un registro diario de la conducta del niño.
  • Eliminar nuevos alimentos o hacer nuevos cambios solo después de varios días de observar la conducta con las modificaciones hechas anteriormente.
  • Reintroducir gradualmente los alimentos que aparentemente no modifican la conducta del niño.
  • Evitar dietas demasiado rígidas que podrían causar otros problemas psicológicos o de conducta, independientemente del TDAH.
  • Consultar con un especialista que ayude a determinar el tipo de dieta que a cada individuo le permita un buen manejo de la sintomatología sin causar deficiencias o un excesivo estrés.